Hacia la colina

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Anna
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Hacia la colina

Mensajepor Anna » 02 Mar 2009, 16:01

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HACÍA LA COLINA
(Viaje imaginario)

por la colina
va un caminante solo ,
busca la cima

Es de madrugada. Con la mochila al hombro camino el sendero que conduce a la colina. Hago el trayecto a esta hora para encontrar el clima que beneficie mi cuerpo y la fatiga no me agobie. Sé que allí puedo encontrar aún al curandero y a las plantas que sanen el mal que aqueja desde hace días a mi hija de tres años.

La jornada de tres horas y la fatiga reseca mi boca. Son las siete de la mañana. Por mi mente ronda el sentimiento de angustia por la salud de la menor de mis hijos. Hace días le apareció una roncha en la pierna izquierda y a medida que la niña se rasca se ha convertido en una infección que en el hospital del pueblo ningún médico ha podido controlar. Son tres semanas y la niña no presenta mejoría, por eso pienso que debo regresar a las curas ancestrales.

buenos remedios
son plantas de la cima,
emplastos sanos

Voy a lo alto de la colina. Allí vive un hombre viejo, de los últimos nativos de estos territorios que conoce a fondo el secreto de las plantas. Todos los viejos recuerdan que sus abuelos siempre subían a ese sitio a recibir el tratamiento para sus dolencias y hasta hace unas tres décadas nuestros viejos se morían de eso, “de viejos” sin que su piel conociera cuchilla, ni quimioterapias ni radioterapias, ni las toxinas de los medicamentos de la “medicina convencional”. Se alimentaban de lo que producía la tierra que ellos mismos trabajaban, no había excesos.

solo en la puerta
un indígena espera,
es curandero

Son apenas las 8 de la mañana y ya el sol está enseñoreado calentando todo. Diviso al indio Nepomuceno. Está sentado a la puerta de su cabaña. Hacía muchos años no le veía pero parece que el tiempo no lo ha tocado. Con ojos entrecerrados y la cara hacia el camino por donde me acerco, parece que mirara pero lo cierto es que no hace un solo gesto. Como una estatua espera mi cercanía.

Ya enfrente de él le saludo y apenas si oigo un susurro, salido de sus labios que apenas ha entreabierto y que traduzco como si fuera una cuasi bienvenida. Nepomuceno se levanta de del banco apoyado en su macana, bastón que utiliza para todo lo que sea menester, espantar los guatines, las guaguas, los gatos de monte, en fin, es parte de su personalidad, no podría imaginarlo sin ella. Repito, se levanta lentamente y se va al interior de la vivienda sin hacerme pasar. Escucho que mueve trastos, oigo también el sonido de ramajes. Al fin sale de nuevo y me entrega un paquete muy pequeño y me dice que lo ponga debajo de la cabecera de la cama de mi hija, que en tres días ella sanará. Vuelve a sentarse sin apenas mirarme. Esta ha sido la consulta médica más extraña de toda mi vida.

sana los males
el indio con su silencio,
ciencia de antiguo

Le dejo algún dinero no porque el pida estipendio por la “consulta”, pues nunca quiere nada a cambio, sabemos eso y siempre dejamos a voluntad un tributo a su condición desinteresada.

Al bajar de la colina y una vez en casa me dirijo a la camita de la niña y la veo dormida. Le toco la frente y la siento fresca. Me dicen que la niña ha dormido todo el día. Dejo el paquetito debajo de su almohada y me quedo esperando a que pase el plazo propuesto por el curandero.

¿Saben? Pasados los tres días anunciados por Nepomuceno, con asombro hemos encontrado que la pierna de la niña no tiene señales de la lesión. Se le ve la piel tersa como si nunca hubiese tenido nada y sobre la sábana una larva muerta.

la larva muerta
está sobre la sábana,
la salud llega


Ana Lucía

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