Sombras de la luna

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Hikari
super paseante
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Registrado: 11 Nov 2016, 12:23

Sombras de la luna

Mensaje por Hikari »

En la playa, a finales de Septiembre, casi no queda nadie al atardecer. Se acaba el verano. Hay nubes bajas y la brisa refresca la tarde. Me pongo la chaqueta. Dicen que soy friolera. Quizás es que mi cuerpo está envejeciendo y no es capaz de mantener, como antes, la temperatura.
De pronto un recuerdo. A los ochenta y cinco, mi madre me hizo una confesión: - es que yo, por dentro, siempre me siento joven-. Otro día, a los noventa, mirándose al espejo dijo -¡Pues si que tengo arrugas!. Nos reímos mucho…Desde entonces escondió todos los espejos para poder tener la edad que sentía.
Meriendo frente al mar. En el cielo gris, una de las nubes se va poniendo rojiza.

Qué dulces las uvas.
Un velero se aleja
en la neblina


Llega una mujer con la toalla en el hombro. Se dirige al agua con decisión. La bruma marina desdibuja el horizonte
Solo ella se baña. Nada con soltura hasta el espigón y vuelve. Quizás tiene corazón de nadadora. Me pregunto de qué color será ... tal vez se ha vuelto azul como dice una canción. ¡Qué cosas pienso!
En la arena se pelean dos crías de gaviota. Luego, juntas, alzan el vuelo. Igual que los niños; discuten, se pelean, y al momento vuelven a jugar como si nada.
La nadadora sale del mar. Sin secarse, se va envuelta en la toalla. No es joven. Debe tener más o menos mi edad. A la luz del ocaso su piel se vuelve color membrillo.
¡Membrillos! Qué ricos asados en la lumbre. Con ellos se perfumaban los armarios.
No hace viento. De vez en cuando, un graznido acompaña el suave ir y venir de las olas.
Tres aves, cada vez más pequeñas, vuelan en fila hasta perderse entre las nubes.
Anochece. La última luna de verano refleja su luz en el mar. Mañana será el equinoccio.
En plenilunio, desde que era niña y mi padre nos contó aquella historia, siempre veo la silueta del anciano leñador.

Era en los tiempos de María Sarmiento, que fue hace mucho o podría ser ahora.
Un anciano fue a buscar leña con su burro. Buscando, buscando se les hizo oscuro. No encontraba el camino a casa y se sentó a descansar en una piedra. Anciano y agotado como estaba dijo: “Que me trague la luna”. Y la luna bajó y se lo tragó.

Por eso las noches de luna llena se los ve a él y a su burro con la carga de leña.

El timbre de una bici me devuelve a la realidad. En la orilla, el niño con la cara colorada de tanto jugar, corre sudoroso. Un perro le sigue a todas partes.


Llega el otoño.
Entre las palmeras
brilla la luna


:chino
"La naturaleza no conoce intenciones y por eso todo en ella es tan grande".
I Ching. El Libro de las Mutaciones
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