Dic-2011. 3º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo
Publicado: 28 Dic 2011, 21:27

(Ilustración realizada por el autor. Los números indicados vienen referenciados en el artículo)
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LA EXCELENCIA EN EL HAIKU
Yoku mireba / nazuna hana saku / kakine kana (1)
Si miras bien, / florece la “nazuna” / al pie del seto.
La “nazuna” –adjuntamos un dibujo (2)- es una hierba silvestre, como las que podemos ver en la cuneta de algún camino, o brotando sobre un derribo. La mata puede alcanzar entre 30 y 40 centímetros; tiene florecitas en forma de cruz, y produce vainas triangulares: éstas se asemejan al plectro con que se toca el samisén (laúd japonés), instrumento que en lenguaje infantil de Japón se dice “pen-pen”. De ahí, el nombre vulgar que se da a dicha planta, llamada también así: “pen-pen-gusa” (donde “-gusa” funciona como sufijo semántico, significando “kusa” ‘hierba’). Su nombre científico es “Capella bursa pastoris” ‘bolsa caprina de pastor’; a saber: zurrón pastoril de cuero.
En su uso, la “nazuna” tiene aplicaciones tanto medicinales como culinarias. En inglés se le llama “shepherd’s purse” y también “mother’s heart”. De ahí –y sobre todo, del nombre latino- nos viene que en español la denominemos “bolsa ( o “zurrón”) de pastor. No hemos llegado a un título tan dulce como “corazón de madre”, pero sí a un apelativo popular, como es “pan-y-quesillo” (atestiguado en el DRAE o Diccionario Académico de la RAE), nombre que a su vez ha usado Cabezas en su traducción:
Miré y había / pan-y-quesillo en flor/ cerca del seto.
Lo sorprendente, a primera vista, es por qué este haiku es tan extraordinario…, como para ser preferido por Blyth a toda la restante producción de Bashoo. Además, si hipotéticamente admitimos el criterio de Blyth, y dándose el caso además de que Bashoo es reconocido por muchos –incluso en Japón- como el mejor poeta japonés, y el mejor y más representativo “haijin”…, se sigue de todo ello que estaríamos entonces ante el mejor haiku jamás creado.
No obstante, ya sabemos que “sobre gustos no hay nada escrito”, y que puede haber tantas opiniones como cabezas pensantes –“quot homines, tot sententiae”, que ya decían los romanos-. Y, sin ir más lejos, yo mismo confieso que hay otros haikus de Bashoo que me gustan más, así como de otros haijines. A pesar de todo, se pueden sondear razones para acoger con respeto la mencionada opinión de Blyth.
En primer lugar, este haiku se ha tomado como paradigma de lo que podríamos llamar la “visión objetiva” que preconiza el haiku; es decir: captar la realidad exterior teniendo el espíritu vacío de prejuicios, ansiedades, remembranzas… La objetividad presupone despojarnos de nuestro “ego” para así comulgar limpiamente con la naturaleza a través de nuestros sentidos: en este caso, y eminentemente, el de la vista. Por tanto, “Si miras bien…” es como una proclamación poética.
Podemos citar haikus de otros poetas, o bien del mismo Bashoo, que respaldan dicha actitud, dando protagonismo a la vista. Así por ejemplo:
No se ven trazas / de que ya pronto muera / la cigarra que canta. (3)
Así pues, hay un valor testimonial en estos haikus del importante principio de objetividad.
Otra poderosa razón para que admiremos el haiku del “nazuna” se nos sugiere por el hecho de que Blyth lo propone como ejemplo de “shibumi” en haiku, que es el gusto por lo áspero y recio , como contrapunto al gusto por lo dulce.
La planta en cuestión, considerada por los japoneses entre las hierbas primaverales, goza de la resistencia necesaria para aguantar el paso de año viejo a año nuevo, con sus típicos rigores de frío y heladas. Además, por sus efectos medicinales –por ejemplo, contra hemorragias- da impresión de reciedumbre. Y así la podemos mirar con reconocimiento y respeto, como a un ser que puede comunicarnos salud, e incluso puede sobrevivirnos. De hecho, hay una frase japonesa que, valiéndose del nombre vulgar ya citado (pen-pen-gusa) suena así : “pen-pen-gusa ga haeru ‘la hierba nazuna ha brotado”, expresión que se considera, por contraste, como una presagio ominoso de ruina para una casa, familia o individuo. Puede ser –dijéramos- como la imagen de un jaramago creciendo que corona unos escombros. Sin embargo, no olvidemos que el jaramago en sí puede ser bellísimo.
Esto tal vez nos explique el estupor de Bashoo al descubrir dicho vegetal en las inmediaciones del jardín doméstico. El poema puede albergar, pues, el valor de una advertencia existencial, sin dejar de ser un canto a la belleza de lo sencillo.
Según el Profesor Oseko Toshiharu, es opinión común que el haiku aquí considerado se lo inspiró a Bashoo un poema chino de Cheng-Hao (1032-1085), que aparece citado en un ensayo del maestro japonés. Dice así la breve frase poética:
“Si miramos con atención, vemos que todo cuanto existe goza de su propio poder.” (4)
Se trata aquí nada menos que del poder de lo humilde (shibumi), como puede ser el de una hierba que brota y florece a su amor y al margen de nuestros cuidados, siendo al mismo tiempo una potente voz de la naturaleza, justo revelándose al pie de la valla que circunda nuestro jardín.
Comentario
El presente haiku (1) muestra una métrica perfecta, y su excelencia formal está avalada por un “kigo” o palabra de estación: “nazuna”; que, siendo una hierba primaveral, nos remite obviamente a la primavera. Y concretamente, según apunta el Prof. Tsujimura, a la primavera de 1686. Otro rasgo formal empleado con acierto es la exclamación “-kaná”, a modo de cierre, conforme a su uso común en muchos haikus.
En el primer verso, “mireba” es la forma hipotética o condicional del verbo “miru” (curiosa coincidencia semántica con nuestro verbo “mirar”). Pero como no basta con mirar, sino que conviene hacerlo a conciencia, para recordárnoslo está presente el adverbio “yoku” ‘bien’: “Si miras bien…” Es una llamada a la atenta observación de la naturaleza. Resulta oportuno el aviso, pues -en efecto- una hierba silvestre no muy alta se nos puede pasar desapercibida.
En el segundo verso, de siete sílabas, el poeta se fija en la idea del “florecer” de la mata, más que en su mero “brotar”. Incluso insiste mediante la palabra “hana” ‘flor’, que es como si dijéramos pleonásticamente “florece la flor”. Estar una planta en flor presupone que ha brotado, pero le añade belleza y lozanía. El verbo “saku” abunda aquí en ese sentido de floración, y está en forma intemporal de presente. Las flores de nazuna son blancas y menudas, y crecen en panojas, como en abanico.
El tercer verso es toda una exclamación poética, que condensa el asombro humano ante el encuentro: “kakine kana” ‘al pie del seto’. “Kakine” puede ser tanto un seto vegetal de arbustos, como una valla o cerca, hecha normalmente con gruesos bambúes o con palos, a modo de empalizada. En cualquier caso, es una defensa que aísla el jardín respecto a la calle, el barrio o el entorno rural.
La hierba “nazuna” aparece pues en esa frontera entre lo propio y lo ajeno, la casa y el vecindario, la pequeñez propia y el mundo circundante…, como un símbolo de despojamiento y de fortaleza en su humildad. De ningún modo la llamaríamos “maleza” o “hierbajo”; pues, “si la miramos bien”, advertiremos su propia dignidad.
Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala
Universidad de Sevilla
Universidad de Sevilla