Este es el precioso texto que leyó Mercedes Kotori en una de las pausas del recital de Haiku del día 18 de Junio en Albacete, junto a Orzas y Momiji. Un guiño a tantos maravillosos momentos... ¡gracias a los 3 por todo!
PALABRAS
Dicen que el haiku es silencio y dicen bien. Dicen también, que el haijin ha de desaparecer del haiku y sólo ser testigo; testigo de lo que en ese momento acontece dentro y fuera de su corazón, para luego contárnoslo y… es verdad.
Cuando uno se mete en esta especie de sana locura que es el haiku, no alcanza a entender la profundidad del viaje que está a punto de iniciar.
Ahora, recorrido un trecho de este camino que nos une, sólo siento que quiero agradecer a esos haijines que, aun a riesgo de ser criticados o ignorados, se armaron de valor para compartir lo que les asombró, devolviendo al mundo, en forma de haiku, el regalo que habían recibido. Esos instantes que de pronto se convierten en eternidad o, mejor dicho, que revelan la eternidad porque la contienen y la guardan como un tesoro de puro silencio para ser proclamado.
No voy a nombrar a nadie en especial. No hace falta porque sé que es inevitable que cada vez que veamos la Vía Láctea, nos olerá a haiku con leche materna. Que cuando nos calcemos unas esparteñas, sentiremos lo que pesan y que cuando al atardecer se cierre la flor de la calabaza, se nos encogerá un poquito el corazón y miraremos al cielo haciendo un guiño de complicidad a una nube con forma de mantalgorri. Que al desatarnos los cordones de nuestros zapatos y encontrar una espiguilla en ellos, sentiremos como arrecia el viento en el chorrillo del caño y que la niebla, al empapar nuestra ropa, olerá a naranjas.
Sé, sin dudarlo, que cuando veamos un perro sin dueño, sentiremos que ya están por caer las hojas rojas de los arces, y al beber de la fuente, esa de la que todo mana, seremos testigos fieles de que el agua sabe a lápiz de la niñez.
Que al ver una mantis nos rechinaran los dientes por el sonido de la cancela que tan sólo se abre de vez en cuando y que deja pasar entre sus barrotes cenizas con olor a romero.
Que las flores de las bodas, los pétalos de las fiestas, se esparcen para ser pisados y aún así nos otorgan su olor y nos estremeceremos, como la hiedra de la que brotan gorriones, con su aroma de flor consagrada, o temblaremos haciéndonos uno con ese alamillo que tiembla al sentir el hacha.
Que el musgo, será nuestra particular brújula y nos indicará el Norte estemos donde estemos. Que sin saber porqué siempre nos asombrará ese alguien invisible que apila leña al borde del camino o a las orillas de los ríos, como una ofrenda a la luna. Que las higueras olerán mejor si vas montando en bicicleta y sonreiremos al ver asomar las orejas de un burro detrás de una valla porque ya las habíamos “visto” antes, junto a esa lluvia que sacará irremediablemente todos los marrones a la tierra manchega y que el viento, ese que no cesa, se encargará de volverlos a apagar.
Que al enderezar el paisaje del salón tras el portazo, sentiremos que los haiku se escapan del bosque y se pasean también por la ciudad para las almas sensibles, para el místico que no entiende de limitaciones, que no encuentra habitación en una ciudad extraña y que está dispuesto a recibirles y conmoverse a pesar de la fría lluvia que todo lo empapa, atreviéndose a mirar una ardilla atropellada al lado de un semáforo para luego, contárnoslo…. y tantos y tantos momentos de lunas, sensaciones, musgo, pétalos, nieves, lluvias, flores, pájaros, insectos que devoran alhelíes, ¡tantos! que sería interminable.
Yo, a todos vosotros y vosotras, os agradezco estos instantes en el que el peso del mundo desapareció y se convirtió en aroma de espliego.
Mercedes Pérez (Kotori)
PALABRAS DE KOTORI
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AGHA = Asociación / de la gente del Haiku / en Albacete (5/7/5)
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Re: PALABRAS DE KOTORI
Qué maravilla de texto, Mercedes, recitando tántos haikus en prosa!
Me ha encantado!
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Callar es otro cantar. Rafael Courtoisie
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