Hecho una ruina,
sostengo mis comedias,
muero mi vida.
El ángel meando
en medio de la fuente
tirita helado.
Tu zapatito
lo ha roto en mil pedazos
tu pie crecido.
Tus manos blancas
como alas de paloma
volando al alba.
En el espejo
me mira adusto un hombre,
mi otro gemelo.
Danzan las grullas
a orillas del estanque
con luz de luna.
Cantaba el poeta
de sendas y caminos,
y de tristezas.
Cuando despierto,
a orillas del estanque,
sueño que sueño.
Lumbreras blancas,
luciérnagas perdidas
en la mañana.
Ola de sueños
reptando hasta la cima
del mismo cielo.
Me voy cantando,
con una pena dentro,
hacia lo extraño.
La flor del loto
entre las grandes hojas
cual mariposa.
Sé que quisimos
andar la senda juntos,
mas no pudimos.
Entre las ramas
de un árbol deshojado
la luna danza.
Por un resquicio
de tu mirada azul,
mil precipicios.
Como abanico
del todo desplegado
se abre el camino.
En una esquina
te pierdo para siempre:
¡adiós, divina!
