Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Colaboraciones del profesor Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, profesor jubilado de Filología Hispánica de la Universidad de Sevilla, autor del famoso libro "El haiku japonés" (Ed. Hiperión).

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Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por grego »

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EL HAIKU, UN CLIMA DE COMUNICACIÓN.

“En el dominio del lenguaje no existe la propiedad privada; todo está socializado.” Estas
palabras del eximio lingüista Roman Jakobson nos recuerdan la función primaria del lenguaje,
la cual no es otra que crear comunicación entre las personas, y favorecer el clima de mutuo
entendimiento entre hablante oyente en el diálogo humano.

Tales consideraciones son válidas también, naturalmente, para la literatura y –dentro
de ella- para la poesía, ya que al servirnos del valor estético de la palabra no nos salimos
del dominio del lenguaje, antes bien nos concentramos en el uso artístico del mismo, para
convertir la palabra humana en instrumento creador de belleza. El haiku entra en ese ámbito
con pleno derecho. No en vano decía el maestro Matsuo Bashoo que “en la poesía del haiku
se emplean palabras de uso corriente”; pues el haiku no pretende poner a nadie fuera del
alcance de su comprensión.

Pero hay más: el lenguaje, y asimismo el haiku por ser manifestación suya, pueden referirse
–como argumento o tema- al fenómeno de la comunicación humana, que normalmente
cuenta con tres realidades básicas: Emisor / Mensaje / Receptor; o, dicho de otro modo:
un hablante, un oyente, y la palabra –que intencionalmente los une a ambos en torno a la
idea que comporta-. La comunicación hace que un pensamiento, sentimiento o vivencia que
anidaba en la mente del hablante se transmita mediante ondas sonoras a la mente del oyente,
de algún modo no exacto, pero sí bastante fiel. Si falta alguno de estos tres elementos, no se
da la comunicación.

De todo ello se hace eco el haiku (1), obra de Taigi (léase “Taigui”):

Tobu hotaru / are to iwan mo / hotaru kana ........ Taigi

Luciérnaga en vuelo. / “¡Mira!”, iba yo a decir…/ ¡pero estoy solo! (Trad. mía)

Se trata de un haiku en cierto modo metalingüístico, es decir: que se vale del lenguaje para
hablarnos de la situación germinal del mismo lenguaje, que es la comunicación. Dicho de otra
manera: este haiku va más allá del lenguaje para venir a analizar, mediante la palabra, lo que
es el marco originario de toda comunicación (hablada) humana .

Si nos fijamos bien, estamos aquí ante un doble marco de comunicación. A saber: existe
una comunicación elemental entre el poeta Taigi y nosotros, sus lectores, por medio de
palabras escritas; pero precisamente al usar signos escritos, el poeta nos puede hacer llegar su
palabra a nosotros, que somos ahora sus receptores, salvando una distancia de siglos. El signo
lingüístico (palabras y frases), expresado en japonés del siglo XVIII, ha pasado por el filtro de
un traductor, pero substancialmente está ahí. (Omito consideraciones técnicas). Por tanto,
no falta ningún elemento: el emisor es Taigi, el mensaje es su haiku, y los receptores somos
nosotros. Tal esquema es válido para cualquier haiku (traducido) de dicho poeta.

Pero en la escena descrita por nuestro haiku se encuentra un segundo estadio de comunicación.
Este se da en un esquema quebrado, pues en él se echa en falta el oyente o
receptor. En resumidas cuentas, el hablante o emisor es presuntamente un “yo” identificable
con el mismo poeta Taigi; el mensaje es el imperativo “¡Mira!”; pero el receptor -el
deseable “oyente” en este caso- brilla por su ausencia. Es, pues, una comunicación que
queda truncada. Resulta explicable entonces la decepción del hablante-poeta, por más que tal
detalle sea anecdótico; y, sin embargo, es también muy significativo. Pues una comunicación
frustrada frustra a su vez a quien la ha iniciado. El poeta iba a desahogarse comunicando su
emoción, y…-¡mala suerte!- no pudo hacerlo al no tener una persona a su lado. Triste escena,
pero cargada de humanidad. Taigi tuvo que tragarse su emoción; y, tal vez por eso, la plasmó
en haiku.

Taigi (1709-1771) es un enorme haijin japonés, tal vez el que sigue inmediatamente en
categoría a los “cuatro grandes” (Bashoo, Buson, Issa y Shiki). Shiki destacó grandemente la
obra de este antecesor suyo, y situó a Taigi como el mejor en mérito tras Buson -siendo Buson
(1715-1783) seis años más joven que Taigi. Y tengamos en cuenta que para Shiki el mejor
haijin era Buson, no Bashoo. Taigi es además un importante precedente de Issa (1762-1826),
sobre todo en ciertos rasgos de ternura y afabilidad. Pocos como Taigi han identificado el
haiku con la vida humana en su discurrir.


COMENTARIO del haiku (1)

Ya que se trata de una experiencia personal del poeta, este haiku suele traducirse en
primera persona, que correspondería a la del autor del mismo. En cierta afinidad con ello, el
sustantivo “hotaru” ‘luciérnaga’ suele traducirse al singular, por la unicidad de la experiencia;
aunque Antonio Cabezas inicia su versión usando el plural:

Vuelan luciérnagas, / y al ir a decir: “¡Mira!”, / estoy yo solo. (Trad.: A. Cabezas)

Mejor que hacer una paráfrasis del contenido, prefiero citar el comentario que aporta Blyth:

“La luciérnaga ha sido vista, instantáneamente; pero no puede ser retenida en la mente de
su contemplador. La unión entre el poeta y el insecto, la percepción de la unicidad esencial,
original, de las dos aparentes existencias, es ya cosa pasada. Al haberse perdido el objeto de la
contemplación –la luciérnaga- , el vacío producido en la mente se hace sentir como doloroso.
La mente busca completarse con algo, un mediador quizás, en el cual aquel objeto ya pasado
–la luciérnaga- pueda recobrarse. La luciérnaga es captada por la mente en un momento,
aunque para ir a perderse luego; pues el poeta no ha alcanzado la verdadera “soledad”,
en la cual le bastaría con la luciérnaga, por ser ésta todo cuanto providencialmente se le
ofrece.” (Haiku, vol. 3, p. 216). Sin embargo –añado yo- la búsqueda de un interlocutor por
parte del poeta no supone debilidad ni carencia para éste, como sugiere Blyth, sino un rasgo
simplemente humano. Y “la vida” es casi un lema que preside la obra poética de Taigi.

El poema que comentamos sigue la pauta métrica canónica de 5-7-5 sílabas. La palabra
de estación –“hotaru” ‘la luciérnaga’- apunta claramente al verano; y tratándose de lo que
nosotros solemos llamar “un bichito de luz” volador, es de suponer que fue visto de noche,
más espectacularmente que con luz diurna, y en medio de una estación más propicia –por el
clima cálido- para los paseos nocturnos.

El primer verso es una breve frase relativa: “(una) luciérnaga (que está) volando”. (Incluyo
entre paréntesis lo que no aparece formalmente en el texto).

El segundo verso resume el ansia del poeta-contemplador por compartir su experiencia:
“(¡Mira) eso! –iba a decir (yo)-“

El verso final recalca la soledad del poeta, que quisiera compartir su emoción: “(pero
estoy) solo ¡qué pena!”. Aquí el “kireji” de cierre “-kana” lo he traducido –para entendernos-
como “¡qué pena!”. No así en mi versión –dada al principio- del haiku, pues no hace falta ser
allí tan explícito; basta con las marcas de interjección.

Dentro de la literatura japonesa, he encontrado dos afinidades notables con el haiku que
comentamos, y no me resisto a citarlas. Una es anterior a nuestro haiku, y la otra posterior;
pudiendo darse ahí –no necesariamente, claro está- una cadena de influencias.

La primera muestra de afinidad es de la Edad Media japonesa (ss. IX-X), por obra de Ooe no
Chisato. La segunda es de Issa. Voy a empezar por esta última, que guarda menos distancia
temporal con el haiku de Taigi que en el caso de la primera muestra.

Issa tiene un haiku (2) que reza así:

Ume sakedo / uguisu nakedo / hitori kana ......... Issa

Antonio Cabezas lo traduce con gran acierto: “Flora el ciruelo / y canta el ruiseñor, / pero
estoy solo.”

El último verso es exactamente igual al de Taigi: retrata la soledad del poeta ante la
naturaleza observada. En la concepción estética japonesa, tal similitud no implica plagio, pues
la experiencia poética es distinta en cada caso, y el contenido es distinto. Con todo, no es muy
aventurado pensar que Issa conocería el haiku de Taigi.

La afinidad más antigua procede de la antología poética medieval “Kokinshuu” (s. X), y el
poema en cuestión fue posteriormente elegido para figurar en la antología “Hyakunin Isshu”
(s. XIII), editada en forma bilingüe como “Cien poetas, cien poemas” (Hiperión, 2004; Trad. de
José Mª Bermejo y Mª Teresa Herrero). Se trata de un tanka de Ooe no Chisato (quien vivió
aproximadamente entre 889 y 923), y dice así (3):

Tsuki mireba / chiji ni mono koso / kanashikere // wagami hitotsu-no / aki ni wa aranedo
Ooe no Chisato

Cuando miro la luna, / me invade la tristeza / y me agobian penosos pensamientos, // aunque
el otoño no esté aquí / para mí solamente. (Traducción recién citada)

Carlos Rubio, en su selección y traducción de “Kokinshuu” (Hiperión, 2005) cita este tanka,
así como la traducción del mismo realizada por Bermejo y Herrero; pero nos da su propia
versión:

Viendo la luna / mil asuntos me llenan / de pesadumbre. // Pero, ¿seré yo el único / a quien
llega el otoño? (obra citada)

Es precisamente este final el que me llama la atención –cito por la versión de “Cien
poetas…”-: “aunque el otoño no esté aquí / para mí solamente.” La luna es símbolo de
otoño, y comporta una carga de melancolía. Esta nota de soledad del protagonista, y de su
incertidumbre sobre la presencia o el conocimiento de los demás, se ve enfatizada asimismo
en la traducción de Carlos Rubio, y resulta ser muy afín con el haiku de Taigi que comentamos.
En resumidas cuentas, nos encontramos en ese punto con la anhelada socialización de la
experiencia estética, que –por cierto- puede frustrarse.

Dada la difusión de las dos antologías medievales citadas, el tanka de Ooe no Chisato pudo
en su día ser conocido por Taigi, y también por Issa. En cualquier caso, aquí se nos muestra
una entrañable constante del ser humano: la sed de comunicación; y -en el terreno poético-
el afán por compartir la percepción de la belleza.

Y aunque Taigi no tuvo en su momento un ser humano cerca para comunicarle su asombro
ante la bella libélula, nos tiene ahora y aquí a nosotros, que nos sentimos sus amigos y
aplaudimos su haiku.

Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala. Universidad de Sevilla
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por Una Ola »

grego escribió:...Y aunque Taigi no tuvo en su momento un ser humano cerca para comunicarle su asombro ante la bella libélula, nos tiene ahora y aquí a nosotros, que nos sentimos sus amigos y aplaudimos su haiku.
Esto me recuerda al título de una película coreana el cual, traducido al castellano, es "Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera": Tras leer su artículo (otro mensaje en otro canal de comunicación partiendo de otro emisor y llegando a otros receptores) somos ahora nosotros los que nos sentimos sus amigos y lo aplaudimos a usted; el círculo se cierra sólo para volver a comenzar. Como siempre: Muy buen artículo, profesor. :)
Un abrazo,
Lucas
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Tarsis
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por Tarsis »

Amigo Lucas: veo con satisfacción que eres uno de los lectores más diligentes y entusiastas de esta sección. Otro abrazo para ti, y para todos los que van leyendo mi sencillo artículo. Fernando
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Gorka Arellano
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por Gorka Arellano »

Precioso artículo...
thanks
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litago
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por litago »

Es un artículo exquisito y una reflexión muy enriquecedora.
Me pregunto si nuestro afán en escribir haiku -esas palabras sencillas que describen lo que nos conmueve- no combina la vivencia, lo existencial, lo místico con los anhelos del ego. Hay humildad en el haijin (¿se puede decir la haijin?), que apaga su presencia para hacer presente el momento que le llega a través de los sentidos. Sin embargo, al leer su artículo algo me hace pensar si, en cierto modo, el haiku se convierte en el mensaje que abre un camino entre quien escribió y quien lo escucha o lo lee, desde ese lugar en el que queremos, de alguna manera, dejar testimonio de nuestra vida, de nuestras percepciones, de nuestro asombro,...y así permanecer, seguir existiendo a través del momento cautivo. El haijin no aparece como protagonista y el haiku se convierte en el testigo de su vida, de su paso por el mundo.
Muchas gracias por su generosidad y sus aportaciones a este camino que cambia la manera de, cuanto menos, comunicarnos.
Lita
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Gorka Arellano
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por Gorka Arellano »

Lita,

Si quieres saber si el ego se inmiscuye, pregúntate lo siguiente: ¿Hay espíritu de provecho en el haiku? ¿Se espera recompensa?

Un abrazo _/\_
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litago
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por litago »

Gorka,
estoy en deconstrucción permanente, pero me temo que mi ego, de alguna manera, siempre se inmiscuye (al menos en este plano terrenal, en el que intento, cuanto menos, darme cuenta de lo que hay :wink: )
Un abrazo
:feliz2:
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Santôka
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hadaverde
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por hadaverde »

Estimado profesor, gracias por compartir esta serie de estupendos artículos que tanto aportan. :chino

Un abrazo.
Tarsis
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Re: Abr-2012. 7º artículo de Fernando Rodríguez-Izquierdo

Mensaje por Tarsis »

Agradezco a mis lectores y lectoras sus comentarios y reflexiones, muy apreciables. A Lita le comunico que no hay dificultad alguna en decir y escribir "la haijin", ya que es una palabra que en japonés no tiene género -algo así como "persona de haiku"-, pero puede adquirirlo en español mediante el artículo. Fernando
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